LA MEMORIA DE NUESTROS “DESAPARECIDOS”

septiembre 16, 2008

 

LA MEMORIA DE NUESTROS DESAPARECIDOS 

 

 

 

 

 

 

Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hicieseis así, quedareis exentos de toda responsabilidad”.

 

Como dijo Azaña soy consciente de que a mi me toca recoger la antorcha, que va pasando de mano en mano, esa antorcha que da paso al recuerdo de los hombres, de sus vidas y acciones pasadas, y hoy siento mas que nunca que ha caído en mis manos.

 

Hace setenta y dos años, y algunos meses mi abuelo Antonio Espino Jiménez, y mis tíos-abuelos Manuel Espino Jiménez, Manuel Jiménez Espino, José Maria León Jiménez, Francisco Navarro Navarro y Antonio Navarro Navarro, desaparecieron sin dejar rastro ninguno de los seis.

 

 

Desaparecieron en el mas absoluto olvido oficial, enterrados en fosas comunes, asesinados por sus ideas y victimas de la miseria material y moral del franquismo.

 

Todos ellos fueron ejecutados, aquí en Aguilar y en Puente Genil, sin juicio; posiblemente apaleados y torturados. Personas conocidas, jornaleros del campo, vecinos de este lugar, con sentencias de muerte no legales, no explicadas jamás por nadie, ni documentadas nunca.

 

Perdedores de un sueño de libertad e igualdad, que sufrieron la represión y la exclusión impuesta por el régimen franquista, que perdieron la vida por ese ideal.

 

Desaparecidos, legalmente “a consecuencia de la represión de que fueron objeto los elementos rojos que se opusieron al glorioso movimiento nacional”.

 

Jamás supimos donde buscarlos, jamás supimos donde encontrarlos, jamás supimos donde llorarlos. Los verdugos hicieron bien su trabajo, se aseguraron de que desaparecieran. y de que lo hacían para siempre, Se ocultaron sus cuerpos, se silencio su asesinato, se olvidaron sus nombres, se olvidaron sus vidas.

 

Pero otras vidas rotas, de madres sin esposos, de hijos sin padres, de nietos sin abuelos, se ocuparon de que eso no fuese así, y llevaron siempre muy presente esos momentos y esos nombres, se ocuparon en no olvidar el dolor, el sufrimiento, la angustia, la injusticia, la represión, y el asesinato, después de tantos años.

 

Tras la llegada de la democracia, la llamada transición democrática, se les volvió a olvidar, echando más tierra encima de sus tumbas, con el pacto tácito del olvido y la concordia nacional.

 

Hoy, estas familias, piden que la historia enterrada renazca, y cuestionan la impunidad de los verdugos asesinos, pidiendo que se conozca la verdad, pidiendo que se haga justicia, en nosotros jamás se instalo el síndrome de Korsakoff (el olvido).

 

Los desaparecidos afectos a los sublevados y victoriosos, reaparecieron en su inmensa mayoría, fueron recuperados sus restos, recuperaron su identidad y fueron conducidos a las sepulturas familiares, a panteones heroicos o incluso al Valle de los Caídos. Sus nombres, figuraron en las fachadas de los templos de nuestros pueblos (en este también), como caídos por Dios y por España.

 

 

Sobre los restos de nuestros familiares, innominados y vencidos, cayo el desprecio y el olvido, y los centenares o miles de fosas comunes donde se pudrían quedaron selladas para siempre.

 

Fueron asesinados sin mas en las cunetas o en las tapias de los cementerios, en los barrancos, en los olivares, a la vera de los caminos… Se les arrojaba cal sobre los cuerpos, (algunos vivos todavía) para acelerar su descarnamiento y otras veces bombas de mano y escombro para rematar a los moribundos y sepultar a las victimas de modo que ya nunca pudiesen ser reconocidas ni exhumadas.

 

No, no podemos ni queremos olvidar, por que estos delitos no prescriben, ní el derecho a la memoria, ni el derecho a conocer la verdad.

 

¿Que fue de mi marido? ¿Donde esta enterrado mi padre?…

 

Deambulamos de registro en registro, de pueblo en pueblo, comprobando una vez mas la naturaleza y la envergadura de esta vergüenza nacional.

 

¿Sentencias? ¿Documentos?. No. no existe ninguna certificación firmada de un genocidio de estas características, todo quedo sellado por la espesa capa de silencio y olvido que amasaron con su pacto de sangre los verdugos.

 

Desearía encontrar el rastro de mi abuelo y mis tíos abuelos, para poder así hilvanar la historia de una estirpe quebrada. Ojala lo logre algún día, buscando en este desierto de amnesia a nuestros desaparecidos. Ojala, las siete décadas trascurridas desde su muerte no minen nunca el animo ni el anhelo de alguien que aun les sigue buscando, les espera, piensa en ellos y sueña con su regreso.

 

Mientras tanto, solo nos queda el recuerdo de sus vidas y los nombres de unos hombres excepcionales. Esos nombres que Vd., incomprensiblemente para mí se niega a colocar al lado de su tumba. La que Vd., mismo inauguro, en el lugar donde muchos de ellos se encuentran.

 

Su postura refuerza la de las instituciones del estado, no mover ni un solo dedo para recomponer la rotura que amputo un miembro a millares de familias españolas.

 

Creemos que hemos de hacer de la memoria un factor de identidad social, reafirmando los valores y convicciones que deben y tienen que sustentar una sociedad democrática y generar un proceso social de memoria frente al olvido, en particular el que afecta a las personas que, como consecuencia de la represión deben ser objeto de reparación ética y reconocimiento público.

 

Esta Asociación que presido, se ha marcado como fines la prestación de asistencia a los familiares de las victimas de la represión franquista, en todas sus necesidades especificas, informar a los mismos sobre la suerte que han corrido sus seres queridos, y de ser posible determinar la ubicación y exhumación de sus restos.

 

Intentaremos en la medida de lo posible, preservar del olvido la memoria colectiva, mediante la recuperación y divulgación de la memoria histórica de este pueblo.

Instaremos a los poderes públicos a apoyar, en el ámbito de sus competencias, esta labor.

 

Aguilar de la Frontera, Septiembre del 2008

 

 

Rafael Espino Navarro.-

Presidente AREMEHISA

 

 

PARA QUE LA MUERTE NO TENGA NUNCA LA ULTIMA PALABRA

 

ASOCIACION PARA LA RECUPERACION DE LA MEMORIA HISTORICA DE AGUILAR DE LA FRONTERA (CORDOBA).

 

 

 

“¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mi que yo se lo pegare”. Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a sus mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre?. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen

(…)

 

“Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga , yo matare a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se libraran con ello; les sacare de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar”.

Queipo de Llano (Julio 1936)

 

 

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