NO NOS DEJABAN NI LLORAR…

septiembre 18, 2008

 

 

 

 

 

 

 

 Juan Sag Tripiana

Juan Sag Tripiana

 

“Si encontrara los restos de

mi padre me arrodillaría ante

su tumba”

 

 

 

Gracias al empuje e iniciativa de su hijo, José Sag Ortiz, 30, el transportista jubilado de la Creu de Barberà y oriundo de San Sebastián de los Ballesteros (Córdoba), José Sag Ortega, 72, ha iniciado gestiones con AREMEHISA ( Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera (Córdoba), para exhumar los restos de su padre, concejal republicano fusilado por «las fuerzas nacionales» en septiembre de 1936 en la localidad cordobesa de La Rambla.

 

 

 

—¿Cuál es la historia de su padre?

 

—Era concejal en el ayuntamiento de San Sebastián de los Ballesteros y el 19 de julio, un día después de la sublevación, fue arrestado y encarcelado por las fuerzas rebeldes.
—¿Sólo él?

 

—El y los otros tres miembros del Consistorio, es decir el alcalde, el secretario y el urbano municipal. Por cierto, hasta 21 familiares directos de esos cuatro vinieron a Sabadell como yo.
—¿Su padre era especialmente de izquierdas?

 

—Seguramente militó en el Partido Republicano Federal, pero no era líder izquierdista. Tampoco había que serlo para que te mataran.


—¿Cuándo murió?—El 22 de septiembre. Lo tuvieron detenido casi dos meses, lo pegaron mucho para que denunciara a otros y no lo mataron hasta que les explicó todas las cuentas del Ayuntamiento.
—¿Cómo murió?—Se lo llevaron al pueblo cercano de La Rambla, lo pusieron contra un eucalipto, le pegaron dos tiros y lo enterraron allí mismo, en el cementerio de La Rambla.

 

 
—¿Cómo se enteró la familia?—Porque mi madre le llevaba cada día la comida a la cárcel y ese día ya no lo encontró.

 

 


—¿Qué hicieron?

 

—Mi madre y mi tío fueron a indagar a La Rambla y el sepulturero les confirmó que, efectivamente, le habían matado y enterrado allí.
—¿Cómo lo vivieron ustedes?

 

—No es cómo vivimos esa muerte entonces. Es cómo hemos vivido toda la vida por culpa de eso. Nunca hemos tenido derecho a nada.
—¿A qué se refiere?—Quisieron quitarnos hasta nuestra casa como hicieron con mi tío. Suerte que la cambiamos de nombre.

 
—¿Más represalias?—De joven me presenté para ser guardia civil y cuando supieron de quien era hijo no me aceptaron.
—Eso mucho tiempo después, supongo.—Exactamente el año de los 25 años de Paz. Imagínese qué paz. Veinticinco años después y aún nadie quería darnos trabajo. Por eso vinimos todos a Sabadell.

 

 


—¿Como salió adelante su madre al quedarse viuda?

 

—Con cuatro hijos y yo de meses, se fue a vivir con mi abuelo porque los pobres, cuando nos falta, no tenemos ni qué comer.
—¿Él les ayudó?—No pudo porque los rebeldes le arrebataron a mi abuelo el oro que le quedaba y, cuando descubrieron que se había guardado dos monedas, también le encarcelaron por antipatriota.

 
—¿Por qué ahora, 70 años después, quiere recuperar los restos de su padre?—No es revanchismo. Es una restauración imprescindible del honor de mi padre. El y muchos otros fueron acusados de bandoleros y asesinos ¿Por qué no tiene él derecho a una sepultura digna, con su lápida?

 
—Porque perdieron la guerra.—Claro y por eso no somos ni españoles. Somos los antipatria y nos lo han hecho sufrir toda la vida.

 
—¿Qué gestiones está haciendo?—Esta semana entra en la Audiencia Nacional la denuncia de mi padre y otras 200 personas más.

 


—¿Espera algo del juez Garzón?

 

—Todo. Su lucha no hará justicia porque ha pasado ya demasiado tiempo, pero puede ayudar a pagar las exhumaciones, que cuestan mucho dinero.
—¿Sabe usted exactamente donde está enterrado su padre?—Exactamente no porque el cementerio ha sido trasladado, pero la fosa común ha quedado bajo una zona ajardinada.

 
—¿Investiga también quién mató a su padre?—No. El gatillo lo apretaría un tonto pobre. Lo importante es saber qué señorito lo ordenó.

 
—¿Quienes están hoy en contra de la exhumación de cadáveres es porque tiene algo que ocultar?—Exactamente. Por eso están casi todos en la derecha. Temen que si se remueve el tema, empezará a salir que el padre de ese diputado y el abuelo de aquel alcalde fue el que apretó el gatillo en tal pueblo o el que ordenó el asesinato de alguien por motivos personales, que eso pasó mucho.

 
—Dicen que eso reabre heridas.—¿Cómo va a reabrirlas si nunca se han cerrado?

 

 

 

 


—¿En Sabadell sólo usted pide la exhumación de su padre?

 

—Yo animo a todo el mundo a que denuncie. Cómo mínimo hemos de saber donde están.
—¿Qué diría a su padre si le encontrara?

 

—Me arrodillaría ante su tumba y le diría papá aunque no te conocí por fin estamos prácticamente juntos.

 

 

 

 

NO NOS DEJABAN NI LLORAR ….

Si te veían por la calle llorando la muerte de tu padre te pegaban por antipatriota», dice José Sag. «No nos dejaban llorar. Nadie puede imaginarse lo brutal que fue aquella represión».
Por ese miedo ni José Sag ni sus familiares jamás fueron al cementerio de La Rambla a llorar a su padre. Según el nieto (foto) «Ni mi padre ni mis tíos hablan nunca de estas cosas».
Por eso hoy, arrancada la máscara de la vergüenza, desean llorar a su padre sin culpa.

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