A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO

septiembre 30, 2008

                             

                         A Dios rogando y con el mazo dando.

Por Antonio Gutiérrez Dorado.

 

A Dios rogando y con el mazo dando es lo que hemos padecido desde la muerte del Caudillo hasta hoy que, por fin parece, hay luz verde del Ayuntamiento de Córdoba para la exhumación de la fosa del cementerio de la Salud, donde se encuentran inhumados los cuerpos de Antonio Acuña, Antonio Bujalance, Bautista Garcés, Joaquín García- Hidalgo y mi abuelo Luis Dorado, todos ellos diputados de la Republica, a los que desgraciadamente el destino los junto, en el cuartel de artillería de san Rafael de Córdoba, en espera de la Bestia criminal y guerrera que la madrugada del 18 de Julio del 36 despertó con furia y saña asesina en nuestra tierra Andaluza hasta alcanzar toda la tierra española ahogándola en sangre inocente del pueblo que, con su sola fuerza, intento resistirse.

 

Setenta y dos años después de este crimen impune ,me dispongo a exhumar la fosa e identificar el cadáver de mi abuelo. De hecho hasta la muerte del General Franco vivíamos en estado de Guerra y en la Transición se  proclamo una Amnistía y otras leyes compensatorias que en cierta medida estaban destinadas a rehabilitar y compensar a las victimas republicanas y a sus familiares pero en la mejor tradición española las Leyes se respetan pero no se cumplen .

 

Tengo viva en mi memoria, el día  que recibí la partida de defunción de mi abuelo que el registro civil de Córdoba expedía a petición mía en 1978, mi estupor al observar en el recuadro de anotación: Varón Desconocido; también cuando, me presente en el registro civil de Antequera en 1993, con la sentencia del juzgado de instrucción nº 11 de Málaga, ordenando se anotara en la partida de nacimiento de mi Abuelo la nota de declaración voluntaria de fallecimiento que el juez acaba de promulgar, la negativa de la funcionaria que me atendió a cumplir la ordenes del Juez.

 

En ese año culminaban todos mis esfuerzos por el reconocimiento de la viudedad de mi abuela a los que el Estado español me obligo sin atender nuestros requerimientos de que se nos aplicara la ley de Amnistía y la de 1979 destinada a compensación médico–farmacéutica para las viudas y huérfanos.

 

Pensar en exhumar por esas fechas tempranas de la transición era una locura pues el miedo todavía paralizaba a los familiares de las victimas y ellas mismas eran victimas de la represión brutal del fallecido genocida y sus secuaces que intentaban un apaño para continuar en el mando. Una vez que se declaro fallecido a mi Abuelo sentimos como un mazo las intenciones del Estado de cerrar cualquier intento de verdad, recuperación y reparación. Mi amada y admirada Abuela, que tanta ignominia y sufrimiento sufrió, me tranquilizo diciéndome: “no sufras por esta nueva humillación, Felipe González esta atado y no puede hacer otra cosa”. En 1996 murió mi abuela a la edad de 97 años sin poder alcanzar justicia.

 

Pero la fuerza que radica en la dignidad de las personas es contagiosa: la lealtad, la entrega, la fidelidad y el sacrificio a la memoria de su esposo, arrebatado y vilmente asesinado, prendieron en mi para recoger el testigo y darle la satisfacción de realizar lo que hace unas décadas no pudimos hacer; este esfuerzo y persistencia que he realizado son para ella y mi madre, su única hija viva,  y el resto de la familia en la diáspora del exilio.

 

Llegar a alcanzar lo logrado no ha sido fácil, tengo que agradecerle a muchas personas su apoyo e inestimable ayuda. A la CGT, a los investigadores que desinteresadamente me han aportado las informaciones pertinentes para que al día de hoy tenga presentada mi Madre denuncia documentada sobre estos hechos en el juzgado nº5 de la AN cuyo titular es el juez Baltasar Garzón.

 

Al Ayuntamiento de Córdoba que en todo momento me ofreció su colaboración pero que a la hora de la Verdad, cuando he recibido la subvención para la prospección, exhumación e identificación de mi abuelo, otorgada por el Ministerio de la Presidencia, parece que le ha entrado el pánico escénico y a puesto objeciones  para autorizar la exhumación hasta que por fin parece que la Señora Alcaldesa Rosa Aguilar se decide no sólo a respetar la ley de la Memoria sino también a cumplirla.

 

Ahora sólo nos queda que el señor juez Baltasar Garzón admita a trámite nuestra denuncia para esclareces estos hechos y alcanzar justicia y que el Congreso de los Diputados se reivindique así mismo en la memoria de sus mártires.

 

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