“EN JAPÓN ME PREGUNTAN POR QUÉ AÚN QUEDAN FOSAS”

octubre 14, 2008

“EN JAPÓN ME PREGUNTAN POR QUÉ AÚN QUEDAN FOSAS”
nadaAún no conoce el castellano para explicar con precisión por qué hace tres años cruzó el mundo para ayudar a desenterrar los cuerpos de unas personas con las que nada tenía que ver. Pero cuando le preguntan qué sintió en la primera fosa de la Guerra Civil que vio, Toru Arakawa, japonés de 70 años, llora como un niño.

El País/NATALIA JUNQUERA 07/10/2008

Diez minutos antes, este hombre bajito y menudo explicaba entre carcajadas la disparatada historia de su primer viaje a España delante de un plato de jamón ibérico. (Es su favorito, ¡ni hablar de ir a un japonés!)

Arakawa se plantó un día en Ponferrada con un recorte de periódico y una fotografía de Santiago Macías, vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. No intentó llamarle desde Japón. Una vez en Ponferrada, se hizo con su teléfono. Llamó.
-¿Y qué le dijiste?
Arakawa ríe con ganas. “Intenté explicarle que había visto un reportaje y que quería ayudar. Santiago no entendía nada. Me preguntaba: ‘¿Pero por qué quiere un japonés ir a una exhumación? ¿Es una broma?”.
Lo mismo pensó su mujer cuando le anunció que se iba a España a pasar el verano buscando desaparecidos. Pero Toru no bromeaba. Se había preparado a conciencia. “Me costó 10 años leer en español. Aprendí con unas cintas que me ponía todas las mañanas. Luego mi hijo me compró por Internet mi primer libro en castellano, Manolito Gafotas”, explica saboreando un trozo de morcilla. “Me los he leído todos: Manolito on the road, Yo y el imbécil… son muy divertidos”. De ahí saltó a una extensa biblioteca en castellano sobre la Guerra Civil. Cuando terminó de leer, quiso conocer a los supervivientes y ayudar a buscar muertos. Cogió aviones y autobuses agarrado a su recorte. Desde entonces, ha participado en 22 exhumaciones. Viene todos los años.
“En cuanto llego a casa, estoy pensando en regresar. Miro el cielo y pienso cuánto tardarán esas nubes en llegar a España”. En su país, Arakawa organiza charlas en su hogar para explicar a sus amigos lo que ha estado haciendo. Les enseña fotos y responde a sus preguntas. Siempre son las mismas. “¿Por qué hay tantos? ¿Por qué tienes que ir tú a desenterrarlos? ¿Por qué siguen en fosas comunes tantos años después de la muerte de Franco?”. Arakawa reconoce que aún no sabe qué responder a esa pregunta. “Yo tampoco lo entiendo”, zanja muy serio.
Llega el cordero y recupera el buen humor. Adora la comida española. Los equipos que trabajan en las exhumaciones se enamoraron enseguida de este hombre excéntrico, como casi todo lo genial, y además de acogerle en sus casas, le han llevado de restaurantes: cordero en Segovia, pulpo a feira en Lugo…. “Siempre me llevo comida de aquí. A mi familia le encanta. Y discos de tunas. Allí no hay”.
Retiran los platos y Toru pide disculpas por su inglés, que habla con mucha dificultad. Agacha la cabeza: “Perdona que haya llorado”. Finalmente, explica: “La primera fue en As Pontes (Coruña). Me impresionó mucho la tristeza de las familias. He visto alianzas de boda entre los huesos… Entendí aquel dolor, todo lo que había leído”. Toru vuelve a emocionarse.
-¿Y a qué te dedicabas antes?
-¡Era profesor de inglés!
Su silla tiembla por las carcajadas.

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