AGUILAR DE LA FRONTERA . Miseria y hambre. La lucha social de clases.

junio 27, 2012

AGUILAR DE LA FRONTERA . Miseria y hambre. La lucha social de clases.

Autor: Rafael Espino Navarro

“ no habléis de libertad, de igualdad y fraternidad, a un pueblo que pide pan y le dais metralla “

Gabriel Morón

Aguilar de la Frontera, era a finales del siglo XIX, un municipio en su totalidad eminentemente agrícola, el campo era la verdadera fuente de riqueza de la población, contando con una industria y artesanía casi inexistente y la explotación del campo se realizaba de forma bastante deficitaria, la mecanización era muy escasa o inexistente basando toda su fuerza laboral en los trabajadores agrícolas o jornaleros que representaban aproximadamente entre el 75 y el 80 % de la población rural . Los cultivos predominantes eran fundamentalmente, los cereales, la viña y el olivar y en menor medida la remolacha el maíz y el algodón acompañando los pastos y las dehesas. La distribución de la propiedad era una consecuencia de los repartos de tierras efectuados varios siglos antes como consecuencia de la conquista cristiana. Grandes fincas que en ocasiones pueden llegar a ocupar un alto porcentaje del término municipal. Todo ello en contraposición con una enorme masa de jornaleros sin ninguna tierra en sus manos. El sistema más usual era el latifundio que permanecía en manos de los grandes propietarios de la época, pero también en menor medida se daban los arrendamientos, caracterizados estos por las rentas altísimas que habían de pagar sus poseedores. El arrendamiento como tal se establece en plazos cortos, por lo que ninguno de los arrendatarios podrían en ningún caso realizar inversiones importantes en fincas que no eran de su propiedad y evidentemente por este motivo jamás habrían de recuperar las inversiones realizadas en las mismas. Por ello este sistema de tenencia de la tierra conllevaba en cierto modo la inseguridad debido al pago de las rentas y a la imposibilidad de emplear nuevas técnicas de cultivo, lo cual repercutía enormemente en la mano de obra campesina a contratar así como en sus salarios y en las condiciones de trabajo de estos.

Fruto de esta situación de desigualdad e injusticia a finales del mes de octubre de 1893, se produjeron graves agitaciones e incidentes en Aguilar, a consecuencia de las protestas contra el incremento de precios de los consumos. Durante años la situación del campo se agravó hasta crear una situación insostenible y alarmante. Las lluvias torrenciales paralizaron la mayor parte de los trabajos del campo, y hubo que acudir a repartir comida en los asilos y en los ayuntamientos. 1896, llegaba con una nueva subida de los precios de las subsistencias, que agravó más si cabe la conflictividad existente, pues durante la primavera de ese año la sequía hizo su aparición. El jornalero a pesar de utilizar todos los medios a su alcance para acumular reservar que le permitiesen continuar viviendo el resto del año, no lo lograba ,aún poniendo todo su esfuerzo, por lo que todos los miembros de su familia -sus hijos, sus hijas, su mujer- también tenían que buscar trabajo.

En ese mismo año, la sequía esquilmaba de nuevo los campos y las crisis campesinas serían muchos más graves que la de años anteriores. Aguilar de la Frontera, de nuevo se encontró entre las localidades de la provincia donde más conflictos obreros se produjeron debido a la miseria y el hambre física padecidas por los jornaleros del campo y sus familias.

Las manifestaciones que se realizaron en este año reclamaban más trabajo y menos limosnas por parte de los patronos. Como consecuencia de ello las autoridades municipales prohibieron el pedir limosnas en los domicilios a mujeres y niños, lo que no hizo sino agravar la situación. El día 30 de abril de ese año, una multitud de mujeres hambrientas y desesperadas, asaltaron los puestos de pan del mercado de abastos y al día siguiente junto a sus hombres y niños, ocuparon la plaza principal en actitud de protesta por la falta de trabajo y el hambre existente.

Fue preciso que la Guardia Civil interviniera para disolverlos y la promesa por parte de las autoridades de acomodarlos -costumbre muy usual en la época- en los cortijos del término municipal para calmar los ánimos. Ante esta situación la llegada del nuevo siglo, no traería cambios sustanciales en las condiciones de vida de la mayor parte de la población agrícola de esta localidad.

En 1900 Aguilar de la frontera contaba con un censo de 3745 hogares y 13.236 habitantes, es decir se había sufrido un incremento en la población en tan solo 23 años de 1.524 habitantes más (4). En mayo de 1898, se vuelven a suceder altercados, esta vez en el mercado de abastos. Más de 200 jornaleros se enfrentan a la dotación de la guardia civil y la situación termina con el asalto a varios puestos de comida y la detención de varios jornaleros. El mes de julio, también se sucederán alteraciones, esta vez en protesta por la subida del precio del pan y por el rechazo de los consumos.

A comienzos del nuevo siglo, encontramos una situación, en la localidad donde el total de su población activa se reparte de la siguiente forma: 85% para el sector agrario, el 9 para el industrial y el 8 para los servicios, lo que nos da prueba de las pautas básicas de su estructura económica, en una población que era cabeza de partido judicial y que contaba con una extensión de 24.312 hectáreas. El listado de los mayores contribuyentes quedaba compuesto por las siguientes personas:

Francisco Calvo Rubio Toro

Juan López Alcalde

Antonio Valdelomar Toro

Luís Clavería Calvo

Narciso Carretero López

J. Gutiérrez Cámara Castillo

José Abarzuza Saris

Manuel López Jiménez

Hay que esperar precisamente a comienzos del nuevo siglo que empieza para observar los jornaleros pueden comenzar a plantear las negociaciones colectivas, aunque la huelga continuará siendo ilegal hasta 1909.

En el mes de marzo de 1901, siendo alcalde a Aguilar Ricardo Aparicio Aparicio, hasta el año 1903, de nuevo se vuelven a soportar situaciones de tensión e incidentes en protesta por el hambre de la mayor parte de la población trabajadora en Aguilar. En el devenir del año 1903, la tensión entre los jornaleros aumenta y en la misma se van a ver también implicados los demás gremios, acuciados estos por la falta de pago y por el incremento continuo de la escalada de precios de artículos básicos y de primera necesidad. Ello conllevará a que se promueva el movimiento asociativo, y que este se situé en unos de los momentos más importantes del siglo. Si a todo esto unimos la existencia de un campesinado numeroso que es marginado sistemáticamente del uso de la tierra como medio de producción, pues la misma es consecuencia de un régimen de tenencia altamente concentrado, que originará profundos desequilibrios en el funcionamiento normal del mercado de trabajo, se crean los componente idóneos para facilitar una tensión social cuya manifestación es una expresión de conflictividad crónica que desembocará en la primera gran huelga general del reciente y estrenado siglo.

Los albañiles, los ebanistas, los panaderos, los ferroviarios, los canteros, zapateros y el resto de colectivos, llevaran a cabo una gran huelga general que se llevaría a cabo durante el mes de abril y donde principalmente se pedía un aumento del jornal y mejoras laborales significativas.

A lo largo de estos dos primeros años del siglo recién estrenado la alcaldía estaría en manos de Ricardo Aparicio y Aparicio, al cual acompañarían al frente de la misma, como mayores contribuyentes del término las siguientes personas: Juan P. Becerra Covantes, Manuel Belmonte Estepa, Narciso Carretero López, José Castillo F. Abango, Antonio Conde Carmona, Ruperto Cosano Rojas, Vicente Heredia Crespo, Manuel Jurado López, Francisco Llamas Zafra, Rafael Maldonado Rodríguez, Vicente Romero Manzano, Francisco Rubio Castro, José María Sánchez Morales, Juan J. Sotomayor Flores, José María Toro Lucena, Francisco Valle Galisteo, Antonio J. Varo Valle y Carlos Carrillo Tiscar.

Durante el año 1902, y a propuesta de la Junta Local de Reformas Sociales, se crea una Comisión provincial nombrada para informar hacer de la situación de los obreros agrícolas en Córdoba. En la misma se informa al ministro de Gobernación de la situación de los trabajadores del campo. Parte de esa información nos sirve perfectamente para poder hacernos una idea de la misma:

“ … el obrero rural está peor alimentado, vestido y alojado que el de otros países, sufre privaciones, aunque estas no sean mayores hoy que las sufridas desde la época de la reconquista ..”

“… la lucha del trabajador con el patrono no puede producir otro resultado que el de espantar el capital de todas aquellas empresas en las que sea preciso emplear trabajadores manuales. Si el obrero no es dócil y agradecido, el patrono se asociara también contra el obrero y en esta lucha social, la soga ha de romperse por la parte más delgada y el obrero vendrá a ser la víctima.”

Por la información recogida en ese informe sabemos que en épocas de calamidades climatológicas, el único recurso disponible para subsistir al que podía recurrir la clase trabajadora era “la caridad” para poder alimentarse y el socorro para poder refugiarse. Que las familias se seguían viendo en la necesidad de trabajar todos sus miembros, por pequeños que fueran, en el intento de obtener unos recursos económicos que les eran desfavorables y escasos. Hombres, mujeres y niños se ocupaban cuando podían en el campo y cuando no en trabajos domésticos en el pueblo. El trabajo a destajo se seguía practicando sobre todo en época de campiña y siega en los cortijos. Que el jornal medio de un hombre rondaba entre los doce y los diez y seis reales. Que también era frecuente que parte de este jornal se siguiera pagando en especie o comida que fundamentalmente consistía en migas, sopa o salmorejo en verano y cocido de garbanzos y tocino en invierno. Y la asistencia médica y el socorro se dejaban totalmente en manos de los hospitales o clínicas de caridad. Las escuelas además de escasas eran pésimas por su estado, ubicadas en lugares inadecuados para tal objeto y por supuesto no al alcance de todo el mundo. Más de la mitad de los niños no recibían ningún tipo de instrucción elemental, por la falta de escuelas o por la imposibilidad de poder acudir a ellas. Más de tres tercios de los obreros agrícolas no sabían leer ni escribir y el analfabetismo entre los obreros del campo es abrumador.

Sabemos también que la influencia de los lideres encargados de transmitir y popularizar las nuevas ideas de cambio y libertad , tuvieron unas repercusiones muy importantes en el contesto de intento de derrocamiento del sistema capitalista imperante y en la aparición del nuevo concepto de conciencia de clase obrera rural.

El poder de los dos partidos de la Restauración, comenzó a debilitarse y decaer a partir del año 1900, y posteriormente a la muerte de sus dos lideres Canovas y Sagasta, el mismo comenzó a fragmentarse, a partir de 1903. Durante los 27 años que comprende este sistema político, se sucedieron diecisiete gobiernos, once de los cuales estuvieron presididos por Cánovas del Castillo o Sagasta.

En el mes de febrero de 1903, se celebra en el café de “Las Flores” un acto en conmemoración del 30 aniversario de la proclamación de la I República, donde intervienen entre otros el abogado, Jerónimo Palma Reyes presidente honorario del Partido Republicano Federal, que esa fecha contaba con más de 2.000 socios en la localidad. Su presidente electo era Bartolomé Luque Gálvez.

En el mes de febrero, de 1903, los republicanos celebran un mitin con motivo de la inauguración del casino Republicano en el que interviene de nuevo J. Palma Reyes.

También en ese mismo mes se celebran elecciones generales, produciéndose irregularidades tanto en las votaciones, como en el escrutinio. Se les negó el voto a muchos partidarios de Jerónimo Palma y votaron hasta 30 electores falsos. Se compraron votos a 100 ptas., se cerraban los colegios electorales antes de la hora indicada, incluso se amenazaba a los colonos con tierras alquiladas con quitarles las tierras si no votaban al candidato que se les decía. En esas mismas elecciones es elegido por primera vez concejal del ayuntamiento por el partido Republicano Federal de Aguilar de la Frontera Leoncio Mejías Carmona a/ “el severo”.

La dirección del partido Unión Republicana esta compuesta en esas fechas por las siguientes personas:

Presidente
Antonio Romero Carmona

Vicepresidente
Rafael Albalá Hurtado

Secretario
A. Almeda Moreno

Miembro Junta Directiva
Ramón García Muñoz

Miembro Junta Directiva
Jerónimo Pérez Pino

Miembro Junta Directiva
J.A.Villar Reyes

Miembro Junta Directiva
R. Maldonado Luque

Miembro Junta Directiva
Manuel Pérez Trigueros

Miembro Junta Directiva
Bartolóme de Luque López

Miembro Junta Directiva
Rafael Jiménez González

Miembro Junta Directiva
Manuel Carmona Cabello

Miembro Junta Directiva
Francisco Coeña Martín

Miembro Junta Directiva
J. Alfonso Berlanga

Miembro Junta Directiva
Celedonio Montilla González

Miembro Junta Directiva
Agripino Montilla Moriana

Miembro Junta Directiva
M. Varo Valle

Miembro Junta Directiva
Antonio Fernández Pedraza

Será a partir de estos años de principio de siglo cuando los jornaleros y obreros agrícolas, comienzan a despertar su conciencia de clase, influenciada esta indiscutiblemente por los lideres que emanan de entre ellos y por las nuevas ideas que llegan a los medios rurales (anarquistas , socialistas y comunistas). El papel de la ideología del movimiento obrero es en este sentido decisiva y fundamental para el desarrollo de sus reivindicaciones y la táctica de lucha social a emplear. La participación en los actos de protesta de esos años, la similitud en las reivindicaciones indican claramente, que muy al margen de la ideología, la protesta campesina, era única. Sus reivindicaciones básicas de igual forma también coinciden: aumento de jornal, jornada de ocho horas, supresión del destajo, colocación de los parados, y evitar a toda costa que se contraten en las faenas agrícolas a mano de obra proveniente de otras localidades.

Es por ello que 1904, se iniciaba también con demandas obreras por la carestía de la vida y con un importante incremento en el numero de jornaleros en paro. El ayuntamiento y la corporación municipal estará dirigido y formado durante este tiempo por la siguientes personas: Rafael López Jiménez, Rafael Aragón Delgado, Manuel Belmonte Estepa, José Belmonte Luque, José Castillo F. Abango, Ruperto Cosano Rojas, Francisco Cosano Valle, Aurelio F. Abango, Antonio Galisteo Revuelto, Vicente Heredia Crespo, Manuel Jurado López, Rafael López Jiménez, José María Pérez García, Manuel Pérez Trigueros, Eripio del Pino Martín, Antonio Romero Carmona, José María Sánchez Morales, Antonio J. Varo Valle Francisco Valle Galisteo y Carlos Carrillo Tiscar.

Para aliviar la situación de nuevo las autoridades municipales pusieron en marcha las cocinas económicas. Pero estas medidas resultaban del todo ineficaces y el numero de obreros en paro cada día que pasaba aumentaba. Por parte de los obreros se solicitaban medidas tendentes a paliar en lo posible la situación, tales como la supresión de los impuestos de consumos y la realización de obras de interés social para ocupar a los desempleados. En este sentido y cada vez que se reclamaba por parte del campesinado soluciones administrativas o estatales para su situación endémica, los patronos no solían recibir de muy buena gana las medidas adoptadas por el estado, para paliar la situación de calamidad existente. El reparto o alojamiento de los jornaleros en los cortijos y en las fincas de mayor extensión y trabajo, fue una de las medidas mas adoptadas en este sentido y que los patronos rechazaban de forma rotunda, ya que opinaban que estas medidas suprimían su libertad para contratar a quien ellos quisieran y recortaban su derecho a disponer de su propiedad privada como a ellos les viniese en gana. En realidad, solo eran partidarios de solucionar este problema social, ofreciendo eso sí donaciones particulares (cuando las había) y delegando la solución a la caridad y beneficencia social o privada. En este sentido, propio es de destacar como ejemplo de lo anteriormente citado, la construcción algunos años antes ( en concreto el día cuatro de octubre de 1898), de un Asilo de Ancianos en Aguilar de la Frontera, fruto de las donaciones particulares y del carácter altruista del matrimonio formado por Rafael Crespo y Calvo de León y Asunción de Toro y García. Que se sustentaría gracias a las aportaciones en forma de donativos que esta familia de forma altruista realizaban periódicamente. En fechas posteriores, concretamente durante la dictadura de Primo de Rivera, será Manuel Aragón y Calvo de León, el que se ocupe de tales menesteres.

En abril de 1905, el Diario de Córdoba, describe la situación en Aguilar de la Frontera de “ruina general”. (5) El mal que se siente en el campo , es muy real.

A lo largo de los próximos años, Aguilar seguía siendo un pueblo inminentemente agrícola, con unas estructura sociales y económicas caducas, muy distante de lo que hoy entendemos por una sociedad plural y desarrollada. Las desigualdades sociales, hicieron que el aumento de la productividad no fuera acompañado de un incremento real de los salarios, de modo que el poder económico y adquisitivo siguió siendo muy desfavorable para la mayoría de la población.

(“… a consecuencia de tres meses de lluvias, fríos y escarchas que llevamos, se ha hecho imposible la vida material de muchos de nuestros braceros, que se lanzan a la calle en demanda de alimentos para sus pobres familias desmayadas”. Agotados los recursos del capítulo de calamidades publicas de nuestro Ayuntamiento, este se ve imposibilitado de ayudar al vecindario, y del mismo Municipio salen comisiones de concejales solicitando una suscripción permanente(mientras duren estas penosas circunstancias) que permitan sostener dos cocinas económicas establecidas en el Hospital Civil y en la Iglesia de la Cruz, en donde se distribuyen raciones mediante bonos que se dan a los necesitados en la Casa Consistorial . Como un síntoma de la fatal situación que atravesamos, añadiré que en pocos días han quebrado tres casas de comestibles, y no serán las últimas, si sigue este malestar.

Al finalizar el año 1905, concretamente el día 7 de diciembre , se recibe la visita en Montilla del diputado liberal a Cortes por el distrito de Montilla, José Fernández Jiménez, siendo recibido en la estación de esta localidad por una comitiva de representantes del distrito entre los que se encontraba el jefe de los liberales de Aguilar en esos años, Vicente Romero Cepeda.. Ricardo Aparicio y Aparicio , sucedería a Vicente Romero al frente del partido liberal y la alcaldía en nuestra localidad, llegando incluso años más tarde a disputar a José Fernández Jiménez el liderazgo provincial del partido liberal.(6) Liderando la política local por parte del partido conservador se encontraba Juan de Burgos Luque. Que fue diputado en Cortes por el partido liberal-conservador durante la legislatura 1903-1905. (7)

Durante todo es año 1905, se volverían a soportar situaciones de verdadera necesidad entre las clases más desfavorecidas de la población, fundamentalmente, como ya venia sucediendo por la carestía de las subsistencias y el abaratamiento de los jornales. En este año, los jornaleros percibían un jornal de 2 a 2,50 pesetas los hombre y las mujeres de 0,50 a 0,75 pesetas, cuando un kilo de pan costaba 0, 40 pesetas.

Debido fundamentalmente a esta prolongada situación las huelgas y agitaciones provocadas son fruto del paro y del hambre física ya que de ningún modo es exagerado decir que los jornaleros vivían por debajo del estricto nivel de subsistencias biológicas.

El censo de población de esa década , cifra los habitantes de Aguilar de la Frontera en 12.637, de los cuales 6278 son varones y 6359 mujeres. De todos ellos 9705 personas no saben leer ni escribir, lo que sitúa el índice de analfabetismo en el 77 % de la población.

Las propiedades agrarias de los grandes terratenientes locales seguirán cultivándose poco y mal, provocando con ello un comportamiento social injusto, pues la gran mayoría de las mismas a pesar del escaso trabajo existentes seguirán dedicándose a dehesas y pastos, que apenas requieren para su explotación mano de obra.

Las condiciones de vida y de trabajo de las familias obreras durante todo este periodo obligaban a estas familias a estructurarse en forma de clan, en respuesta sistemática a la situación que vivían marcada principalmente por la explotación que sufrían por parte de los patronos y terratenientes dueños del campo donde estos jornaleros vendían su tiempo y su fuerza de trabajo, y también el de sus familias. Esta explotación se concretaba en un salario ínfimo, muy bajo, que hacia muy difícil a estas familias poder equilibrar el presupuesto familiar necesario para poder subsistir. Como consecuencia de esta situación, los trabajadores de la tierra pasaban a englobar la masa de pobres y marginados de la sociedad, y se producía así la proletarización de los obreros.

Del salario que percibían por su trabajo tenían que hacer frente a los gastos imprescindibles para la vida cotidiana de sus familias, por lo que la mayor parte del mismo se destinaba a la alimentación, que era imprescindible para su subsistencia y para no morir de hambre. Sin embargo, a pesar de destinar a esta, la mayor parte del salario, la alimentación era escasa e insuficiente.

“… la alimentación de un bracero se componía de pan de trigo, la carne no se podía comprar sino en raras veces, tocino, algo de aceite, garbanzos y patatas”.

Parte del salario percibido también había de ser destinado al pago de la vivienda, además de la luz y del agua. Las viviendas por lo general eran muy pequeñas y solo compuestas de una sola habitación de muy pocos metros cuadrados donde vivían amontonadas varias familias, estaban muy poco iluminadas, y tenían unas condiciones muy altas de insalubridad.

El vestido y el calzado se llevaba también parte de ese presupuesto familiar. Todos los obreros vestían de forma muy parecida, buscando la ropa más barata existente, que normalmente pagaban con cuentas a largo plazo. Finalmente todo lo que hacia referencia a la cultura y alfabetización de los niños, era inexistente o solo se daba en los primeros años de vida adolescente, ya que no podían dedicar a educación recursos que les hacían falta para no morir de inanición. La educación primaria era reconocida como un derecho del ciudadano, y por tanto obligatoria, desde la Ley Moyano de 1857, pero lo cierto es que la escolarización apenas llegaba a un tercio de la población, debido a la falta de escuelas, de maestros y a la imperiosa necesidad de dejar la escuela a edad temprana para trabajar en el campo o en cualquier otro trabajo que ayudase al mantenimiento de la familia. Por lo tanto el analfabetismo y la debilidad cultural eran características intrínsecas de la población rural campesina. Los maestros, habían de mendigar un salario de hambre a las corporaciones locales y la mayoría estaba a merced del caciquismo imperante. El principio de autoridad era el único que quedaba claro en las pocas escuelas y aulas existentes en medio de unos contenidos inservibles y vacíos. Solo con la ayuda y hegemonía de la iglesia, la educación de las elites lograba cubrir el enorme desfase del aparato escolar tanto en la enseñanza media como en la superior. Los jornaleros viendo a sus hijos la mayor parte del tiempo tirados en la calle ponían de manifiesto la evidente falta de escuelas, de medios económicos y de lugar para ellos.

El 95 % del salario por tanto, se destinada a alimentación y el otro 5 % restante a gastos de vivienda, ropa y educación, en este orden.

La medicina solo podían obtenerla hasta bien entrado el siglo XX de la beneficencia. No estaba al alcance de las familias obreras, pues la medicina publica estaba muy ligada al socorro y auxilio de la beneficencia, sólo existiendo en momentos muy concretos, la medicina privada se tenía que pagar, por lo cual sólo era accesible a las clases ricas, burguesas y aristócratas.

Los impuestos, gravaban aún más su difícil situación y las condiciones de higiene publica y privada, simplemente no podían acceder a ella por no disponer de recursos económicos suficientes.

Como consecuencia de estas miserables condiciones de vida las familias intentaban completar el salario del cabeza de familia por medio del trabajo femenino e infantil. En determinados momentos de recolección de cosecha, se posibilita la contratación de todos los miembros de la familia desde la más tierna infancia mediante la modalidad del “destajo familiar”. Por ello y para poder sobrellevar la vida de verdadera hambre que soportaban las familias campesinas, las mujeres realizaban públicamente y a servicio de los señores los llamados entonces “trabajos propios de su sexo”, fregar suelos, lavar ropa, cocinar, etc …, mientras que los hijos más pequeños se van a algún cortijo de zagales, donde guardaran cochinos, servirán de recaderos y de aguadores para las cuadrillas de trabajadores, en tanto que las chicas ejercerán como sirvientas. Pero aún a pesar de realizar estos trabajos y complementos, todavía tenían problemas para poder equilibrar el presupuesto familiar y sus condiciones de vida no mejoraban, ya que las mujeres y los niños realizaban un trabajo no cualificado y cobraban un salario muy inferior al de los hombres. Todo ello unido a que a lo largo de muchas décadas, los salarios bajaban en vez de subir, provocara durante los años venideros un aumento de la conflictividad laboral y la lucha obrera, la lucha de clases encaminada a conseguir una mejores condiciones laborales y de vida.

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