AGUILAR DE LA FRONTERA. Anticlericalismo Obrero. (1913-1918)

julio 11, 2012

Autor: Rafael Espino Navarro

“… yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales; he presenciado cómo son repartidos entre los vecinos acomodados, para que éstos les otorguen una limosna de trabajo, tan sólo por fueros de caridad; los he contemplado en los cortijos, desarrollando una vida que se confunde con la de las bestias; les he visto dormir hacinados en las sucias gañanías, comer el negro pan de los esclavos, esponjado en el gazpacho mal oliente, y servido, como a manadas de siervos, en el hornillo común; trabajar de sol a sol, empapados por la lluvia en el invierno, caldeados en la siega por los ardores de la canícula, y he sentido indignación al ver que sus mujeres se deforman consumidas por la miseria en las rudas faenas del campo; al contemplar cómo sus hijos perecen faltos de higiene y de pan; cómo sus inteligencias pierden, atrofiadas por la virtud de una bárbara pedagogía, que tiene un templo digno en escuelas como cuadras o permaneciendo totalmente incultas, requerida toda la actividad, desde la más tierna niñez, por el cuidado de la propia subsistencia, al conocer todas, absolutamente todas, las estrecheces y miserias de sus hogares desojados. Y, después, he sentido vergüenza al leer en escritores extranjeros que el escándalo de su existencia miserable ha traspasado las fronteras para vergüenza de España y de Andalucía.

Blas Infante, Ideal Andaluz. Sevilla. Arévalo, 1915

El día 29 de enero de 1913, se creó en Aguilar la sociedad “El Porvenir del Trabajo”, con predominio e influencia ideológica prominentemente socialista, coincidiendo esta a lo largo de este periodo con la creación de otra muchas Agrupaciones que comenzaran a aparecer en los pueblos limítrofes principalmente en Lucena (1908), Montilla (1909) y Puente Genil (1913). Dentro del Circulo Liberal Conservador de Aguilar, por estas mismas fechas se constituye también la fracción maurista, encabezada por uno de sus mayores defensores José Ladrón de Guevara y Aumente. Este formaría parte también de la corporación municipal, en la cual se encontraban Antonio Valdelomar Aguilar-Tablada, Juan Aragón Luque, Francisco Cabezas Sauce, Miguel Cáliz, Córdoba, Manuel Cecilia Córdoba, Miguel Leiva Jiménez, Rafael López Jiménez, Francisco J. Luque Jurado, José Maldonado Paniagua, Leoncio Mejías Carmona, José Pérez García, Claudio Sánchez González, Manuel Serrano Carmona, Francisco Toro González y José Toro Gutierrez.

Ese mismo año registra también su nacimiento el Círculo Católico de Obreros y Patronos de Aguilar, y como respuesta a las sociedades obreras surgidas en toda la provincia, comenzarán también a hacer acto de presencia en distintos pueblos de nuestro entorno, Montemayor , La Rambla, etc … distintos círculos católicos de obreros.

No sería esta la primera vez que se crea en esta localidad el citado Círculo de Obreros Católico. El primero data del 1 de junio de 1877 y se ubicó en el ex convento de “La Coronada”. Fue financiada su realización por donativos que alcanzaron la cifra de 754 reales. Su mentor fue el párroco local Rafael Sánchez , quien algunos días más tarde de su inauguración se dirigía a los afiliados manifestando:

“… la clase obrera y campesina debe respetar y amar a la clase acomodada, para que ésta a su vez tenga confianza y cariño al obrero y al trabajador.”

Llegó a alcanzar poco mas de cien socios, antes de su completa extinción y su Junta Directiva estuvo formada por la siguientes personas:

Cargo
Nombre
Profesión

Presidente
José María Luque Palma
Labrador

Vice-presidente
Juan Alonso Ruiz Cantero
Maestro albañil

Consiliario
Pedro Rindavert
Plesbítero

Tesorero
José Barragan
Barbero

Vocal
Antonio Giménez Castro
Herrero

Vocal
José Albala
Zapatero

Secretario
Juan Manuel Valle
Carpintero

Vice-secretario
José Dávila
Músico

Bibliotecario
Francisco Asís Castro
Sastre

Recaudador
Leoncio Espinar
Encalador

Los Círculos Católicos estaban íntimamente ligados a la iglesia, a la religión católica y a personajes de la alta oligarquía local y buscan una asociación alternativa entre obreros-iglesia y patronos. Suelen ser por norma general centros de reclutamiento de “esquiroles” , comúnmente llamados amarillos, y procuran por todos los medios atraer obreros de los centros republicanos y socialistas, para inculcar en ellos las ideas contrarias a la “revolución” y al “socialismo”.

Esta será la respuesta de la iglesia a la situación de los obreros. La creación de estos círculos. Su objetivo será buscar la armonía social, mediante la “cooperación” entre patronos y obreros, rechazando la huelga y cualquier otro método de protesta social .

Casi siempre funcionan más como cooperativas que como asociaciones reivindicativas y al frente de ellos casi siempre se encuentra un director sacerdote o persona muy religiosa ocupando el cargo de consiliario y que pretende inculcar en los obreros doctrinas y dogmas de obediencia, resignación y virtud .

“…al obrero a quien Satanás le dice “ruge, levántate … y tuyo será el reino de la tierra” es preciso oponer al obrero a quien Jesús le dice: “trabaja, obedece, practica la virtud y tuyo será el reino de los cielos”.

“ … necesario es destruir ese antagonismo que existe entre el obrero y el patrón y hacer que éste sea para él un padre que vele por sus intereses materiales, intelectuales y morales.”

“… el obrero que tuviese entre los suyos nota de holgazán o razón justificada para ser excluido de los trabajos de su oficio propio, el que fomentase huelgas, o de algún modo promoviese disturbios que afectasen al orden, quedara privado de socorro …”

Montilla Agraria, órgano del sindicato agrario de Montilla, número 14, año II

En este línea, la actitud de los Círculos y de la iglesia frente al socialismo es de una clara oposición tajante, pues se plantean como una ofensiva contra cualquier movimiento social de signo y carácter no católico, pidiendo además ayuda a las clases acomodadas “ … que os precias de conservadoras y que tanto temen la llegada del socialismo.” lanzando claros mensajes de oposición y enfrentamiento:

“… no hay salvación para las sociedades sino en la verdad, y no hay verdad sino en el catolicismo. Es preciso elegir: o catolicismo y vida o ateísmo y muerte: o catolicismo y libertad, o ateísmo y esclavitud.”

Sin embargo, y a pesar de sus denodados esfuerzos, estos círculos católicos, no logran atraer a demasiados obreros a sus filas debido a que desde mediados del siglo XIX, las distintas doctrinas de los grupos republicanos van a través de su política a realizar todo tipo de medidas que conduzcan a la supresión de la influencia del clero en la sociedad.

Montilla Agraria, órgano del sindicato agrario de Montilla, número 14, año II

Esta sociedad se impregna de un anticlericalismo que en parte y a veces es manifiestamente común desde las altas esferas políticas del país. Al poder legislativo abiertamente anticlerical en las etapas liberales y republicanas, hay que añadir también el anticlericalismo obrero derivado de la excesiva influencia y dominio del clero en todos los ordenes de la vida.

Tan es así, que en el mismo se llega a ver a los curas o sacerdotes como legitimadores ancestrales de la explotación a la que están sometidos los obreros.

Sus privilegios, exenciones y riquezas harán que la clase obrera sienta una animadversión congénita hacia todo lo que huele a iglesia.

El mismo Pablo Iglesias, expresa en este sentido:

“… Yo creo que para un verdadero socialista el enemigo principal no es el clericalismo, sino el capitalismo que en los presentes momentos históricos aparece como esclavizando a los pueblos. Pero esto no opta para que hagamos todo lo posible contra el poder del clericalismo, que ha venido a ser, más o menos voluntariamente, según los países, un poderoso auxiliar de las clases explotadoras.” EL SOCIALISTA (Revista 21. Página 709-710)

Y Francisco Zafra Contreras igualmente expresará:

“ El clero, que siempre se alió con la nobleza para sostener sus mismos privilegios, también levantó bandera para reclutar traidores, que haciendo de esquiroles, les defendiera sus intereses.”

Si buscamos los motivos del anticlericalismo mas radical de la clase obrera en general y del republicanismo y socialismo en particular, hemos de observar que fueron varias causas que lo denotan: En primer lugar la situación creada con el cambio de régimen político que llevó al trono a Alfonso XII, los grupos políticos, a sí como las organizaciones que combatieron frontalmente el poder de la Iglesia, fueron duramente reprimidas. A esto hay que unir la campaña anticlerical sobre todo de las ordenes religiosas, del partido liberal entre 1893 y 1913, basada fundamentalmente en la toma de medidas legislativas y la alianza con republicanos y socialistas en apoyo de esta política. Elías de Mateo, nos dice también que la opinión pública española no fue muy favorable para el clero al analizar la desacertada política colonial y la actuación de las ordenes religiosas en la misma. Estos y algunos hechos más (la semana trágica, la famosa ley del candado, el mantenimiento de los privilegios de la iglesia, exenciones y riquezas acumuladas a través de siglos de explotación por las ordenes y congregaciones religiosas),harán que la mayor parte de los obreros y jornaleros se alineen en elementos de choque encuadrados dentro del cambio de sociedad , el deseo de librar a la sociedad de su influencia y la abolición de sus privilegios.

En Aguilar, el Centro Obrero, observaba en este sentido un distanciamiento total y absoluto de todo lo que representaba el clero y sus doctrinas. Tan es así, que sus miembros mantenían la costumbre de no acudir a ningún entierro que fuese civil. Los entierros y funerales, constituían otra más de las ceremonias religiosas donde la demostración y ostentación de la posición social del difunto en vida también se mantenía tras su muerte. La división ejercida por la iglesia en el trato dispensado a los difuntos, no hacia sino acrecentar aún mas el resentimiento hacia ella. Las más importantes familias de la alta burguesía podían escoger los lugares más céntricos y los mas privilegiados del campo santo, erigiendo en los mismos suntuosos mausoleos y criptas. Las clases medias podían escoger para su último descanso “acomodado” los nichos individuales que ya se comenzaban a edificar en los nuevos cementerios municipales de nueva creación a finales del siglo

XIX o comienzos del XX, en forma de bloques de pisos. Mientras tanto las clases bajas solo podían optar a ser enterrados en una gran fosa común, o en el mejor de los casos, en un enterramiento en el suelo sin identificación, el cual se perdía en muy poco espacio de tiempo. Los cementerios se encontraban divididos en “civiles” y “cristianos”. En los civiles, recibían sepultura aquellas personas que morían sin estar en gracia de dios, personas sin bautizar, suicidados, practicantes de otras religiones, etc.. y en la cristiana los que morían en gracia divida. A pesar de mantener la iglesia un acentuado matiz “clasista”, en todas las cuestiones y ceremonias religiosas, y pese a los índices de alejamiento de las practicas religiosas en la mayoría rural de la población, y a pesar de todo muchos de estos acudían a la iglesia en los momentos transcendentales de la vida. La iglesia no trataba por igual a todo el mundo, jamás lo hizo así. Aún aplicando el sacramento igual para todos, el ceremonial que se desarrollaba cambiaba según el estado o estatus social de la persona. En los bautizos, se encontraban ya diferencias sociales que podían apreciarse con toda claridad. El ceremonial, al igual que en las bodas, incluía según la clase social a la cual se pertenecía unos derechos parroquiales que cobraba evidentemente el clero por ejercer sus funciones y que variaba considerablemente de cuantía. A pesar de que tampoco eran partidarios de celebrar las bautizos, realizando es este caso, solo la correspondiente inscripción en el Registro Civil. Otra observación a tener en cuenta en cuenta cuando sí se practicaba el bautismo, era adjudicarles a los recién nacidos dos nombres; uno del santoral católico y otro que nada tenia que ver con aquel y que era el nombre por el cual se le habría de nombrar y reconocer en círculos familiares y vecinales. La animadversión hacia “lo religioso” llegó a manifestarse también en los actos religiosos callejeros, siendo las procesiones religiosas objeto de boicot y protesta popular que llegó en algunas ocasiones a protagonizar escenas de enfrentamiento verbal y tensión social al enfrentarse en ellas los grupos confesionales puramente elitistas y aristocráticos fundamentalmente compuestas por grupos católicos de significación política carlista e integrista con las llamadas en la época “turbas”.

Durante todos estos años precedentes, los éxitos alcanzados por las recientemente surgidas sociedades obreras, fueron escasos. A partir de los próximos años no será así. A partir de ahora colaboraran codo con codo sindicalistas y socialistas. Y se fijaran reivindicaciones comunes. Se movilizará masivamente el campo de este pueblo, afianzando a través de estas movilizaciones un grado de unidad sin parangón en los años precedentes.

La influencia indiscutible de los líderes obreros, que fueron surgiendo de entre los mismos trabajadores, ayudaron a mantener vivas las ideologías en periodos o épocas en las que estas fueron fuertemente reprimidas. Aglutinado el movimiento obrero sobrevivió alrededor de estos lideres, que fueron en su inmensa mayoría personas con unos conocimientos mínimos, en una zona en la que el analfabetismo alcanzaba al 90 % de la población.

Al frente de todas estas sociedades y agrupaciones encontramos hombres que supieron estar a la vanguardia del proletariado debido a su espíritu combativo y libertario, Gabriel Morón (socialista) en Puente Genil o Francisco Zafra Contreras(socialista) en Montilla.

De izquierda a derecha, Francisco Zafra Contreras, Gabriel Morón Días y Antonio Cabezas Jiménez

Y tal fue el caso también de Antonio Cabezas Jiménez “Cabecitas”, primer secretario de la Agrupación Socialista (10), en Aguilar. Sus enormes dotes como líder obrero, le llevarían junto con otros compañeros a ser uno de los impulsores que propagaron y difundieron el socialismo en Aguilar de la Frontera.

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