MANUEL JIMÉNEZ ESPINO. … de la búsqueda de ayer a la verdad del presente.

agosto 19, 2012

MANUEL JIMÉNEZ ESPINO.
… de la búsqueda de ayer a la verdad del presente.

Autor. Rafael Espino Navarro

“… la primera baja que se produce en toda guerra es la verdad”.

Después de 76 años y 18 días de su desaparición y asesinato, por fin Manuel Jiménez Espino a/ “Ritón”, descansa junto a los suyos. Sus restos mortales han sido hoy inhumados en un panteón familiar, junto a sus padres Francisco y Antigua.

Su insólita historia es otra historia más de las muchas historias personales abolidas e ignoradas por el paso devastador del tiempo, solo mantenida viva durante todos estos años en el entorno familiar más cercano.

Manuel, nació en Aguilar de la Frontera, el día 9 de mayo de 1919 solo contaba con 17 años recién cumplidos el día de su asesinato. Tenía toda una vida por delante. Una vida sesgada y arrebatada vilmente por sus verdugos, junto a la de sus dos tíos, Antonio y Manuel Espino Jiménez.

Jornalero de profesión, Manuel era hijo de Francisco Jiménez Gómez y de Antigua Espino Jiménez.

El comienzo de la guerra civil, le sorprendió en Aguilar. Era Aguilar en el año 1936, un pueblo sin conflicto alguno entra patrones y obreros, prueba de ello es que las bases para el trabajo de ese año, se firmaron sin ninguna dificultad.

Los acontecimientos que ocurrieron en Aguilar en el mes de Agosto de 1936, cambiarian por completo su vida y por ende la de toda su familia.

El 18 de julio de 1936, tras la noticia del alzamiento militar, los obreros agrícolas tomaron el pueblo, encarcelando a la directiva local de Falange Española y Acción Popular, y a algún que otro patrono.

El teniente de la Guardia Civil, hizo promesa expresa ese mismo día de fidelidad a la República ante el Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera en pleno. No fue así, el día 19 de agosto, la Guardia Civil, publicó el bando de guerra y tomó el Ayuntamiento, dejando libres a todas las personas encarceladas y encarcelando a la mayor parte de la corporación municipal del Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, entre ellos el alcalde socialista Jose Maria León JIménez, que fue fusilado el día 2 de agosto.

La Guardia Civil de Aguilar, se destacó enormemente en la represión llevada a cabo durante esos dias, fusilando a mas de un centenar de personas.

Todo se mantuvo en este ambiente hasta el dia 24 de julio, fecha en que Aguilar, fue bombardeada por la aviación nacional procedente de Sevilla, en la creencia de que los “rojos”, se habían hecho fuertes en Puente Genil y se dirigían a la población de Aguilar, para sitiarla y tomarla.

En el bombardeo murieron cuatro personas, otras tantas resultaron heridas y otras muchos huyeron al campo. Manuel Jiménez Espino se encontraba entre estos últimos, toda su familia, tíos, primos, hermanos y padres, huyeron a los Arenales, en el término de Puente Genil.

Esto ocurría el día 25 de julio, día en que la Guardia Civil de Aguilar pidió refuerzos a las localidades vecinas, Lucena, Monturque, de donde llegaron más guardias civiles y se entabló un tiroteo que duró varios días, entre éstos y algunos obreros armados de escopetas, que llegaron procedentes de Aguilar y Montilla. La guardía civil tomó el pueblo ese mismo día.

Tras enterarse en el campo de los disturbios producidos en la localidad, a finales del mes de julio, su tío Antonio Espino Jiménez, acompañado de su hermano menor Manuel Espino Jiménez y el sobrino de ambos Manuel Jiménez Espino junto a varios hombres más, decidieron ir a Puente Genil al Socorro Rojo, para aprovisionar de alimentos y otros menesteres a sus familias, que llevaban varios días en el campo.

Descartaron acudir a Aguilar, porque tenían precisamente noticias de los tiroteos acaecidos algunos días antes en el pueblo.

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Su llegada a Puente Genil no pudo ser en peor momento. El día 31 de julio, Puente Genil estaba siendo tomada por tropas del comandante Castejón, que el día 28 de julio, salieron de Sevilla con un único objetivo “tomar Puente Genil “.

Atacaban Puente Genil, una bandera del tercio, una compañia del Regimiento de Granada, un escuadrón de a pie, una compañía de sanidad, una sección de zapadores, otra de asalto, otra de requeté y otra de falange, además de varias baterías y vehículos blindados, a las que posteriormente se unirían otras columnas de guardias civiles procedentes de Ecija y que se nutrirían de más efectivos al pasar por las localidades de La Rambra ,Fernán Núñez, Montilla y Aguilar.

La ocupación de Puente Genil fue rápida. La represión salvaje.
A todos los hombres que encontraban en la calle, en sus casas, en las afueras se les fusilaba inmediatamente.

Los aviones no cejaban en su bombardeo. Fue horrorosa la matanza, y se cuentan en mas de mil los fusilamientos que se llevaron a cabo ese mismo día y en los sucesivos.

Manuel, junto a sus tíos Antonio y Manuel y varios acompañantes más, fueron detenidos y encarcelados muy posiblemente en la improvisada prisión del “Molino del Marqués”.

Reconocidos por algunos guardias civiles de Aguilar, de los que se sumaron a las fuerzas procedentes de Ecija, los maniataron y fueron conducidos a la cárcel de Aguilar de la Frontera, en la tarde noche del día 31 de julio de 1936.

Cuando el camión con los detenidos entró en Aguilar, las gentes que conocían a los Ritones, avisaron a sus mujeres y familia. Es misma noche, la mujer de Antonio, pudo hablar con el a través de la ventana del cuartelillo donde estaban presos.

La madrugada del día 1 de Agosto, ( antes de que se pudiesen hacer gestiones para su liberación) apuntando el día, fueron junto con algunas personas más, subidos en un camión y trasladados fuera de la cárcel.

Cuando los familiares llegaron a preguntar por ellos les dijeron que se los habían llevado de nuevo fuera de Aguilar, a Puente Genil. Distintas averiguaciones posteriores que realizaran las familias les informaron de que muy probablemente los habían llevado a un paraje en el término de Puente Genil, conocido como el “camino de las vigas”, donde les dieron muerte a todos esa misma madrugada del día 1 de agosto.

Esa misma mañana fusilaron junto a Manuel Jiménez Espino (17 años) a sus tios Antonio Espino Jiménez (36 años) y Manuel Espino Jiménez (26 años), a Jose Maria Alba Olmo (30 años) y a Manuel Espada Casaña ( 33 años).

La búsqueda mantenida por las familias durante muchos años jamás dio resultado. Nunca supimos donde buscarnos, ni donde llorarlos. Pues los asesinos con el cruel engaño se aseguraron de que jamás nadie pudiese encontrar los cuerpos.

Tuvimos que armarnos de paciencia y esperar 75 años para conocer la verdad de lo sucedido. La incansable búsqueda generacional no interrumpida, por fin dio pasa al conocimiento de la verdad del presente.

La intervención realizada por AREMEHISA, (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera) (Córdoba) el pasado año 2011, arrojo un resultado inesperado y sorprendente.

De la fosa número 21, se exhumaron los cuerpos de diez hombres, en dos depósitos distintos. En cada depósito aparecieron cinco varones.

Esta fosa formaba parte del entramado de enterramientos clandestinos que los asesinos utilizaron en el interior del cementerio para ocultar los cuerpos de 70 personas, asesinadas entre los últimos días del mes de julio de 1936 y el día 16 de agosto de ese mismo año. Además presentaba una particularidad. Tenía propiedad. La fosa fue vendida a un particular por el Ayuntamiento de Aguilar en el año 1950, existiendo con ello una premeditación en ocultar y dificultar si cabe todavía más la localización y búsqueda de estas personas. Y en el interior de la misma se encontraban los restos de cuatro personas de esa familia.

Plano topográfico del perfil de la fosa número 21

Las identificaciones de ADN y el estudio antropológico , realizadas a los familiares, y a los restos exhumados determinaron la identidad de Manuel Jiménez Espino, Antonio Espino Jiménez y Manuel Espino Jimenez y a sus compañeros de infortunio. Existiendo además una clara correlación e igualdad entre todas las muestras tomadas de todos ellos. Confirmando una vez más la falta de piedad y el engaño consumado de sus verdugos y el deseo premeditado de que jamás fuesen encontrados sus cuerpos.

La muerte de Manuel Jiménez Espino se inscribiría en el Registro Civil, fuera de plazo legal, el día 13 de enero de 1955, diez y nueve años más tarde.

Afortunadamente hoy, con una reparación como la que se ha realizado, la familia ha puesto fin a una espera y duelo interminable. Con su termino, por fin han alcanzado la paz, dejando atrás las secuelas de una guerra injusta y terrible.

Personalmente al terminal el acto de inhumación hoy me he sentido con una tremenda alegría y satisfacción personal, sabiendo que con nuestro trabajo, una vez mas hemos contribuido a devolver la verdad y la tranquilidad a otra familia mas de este pueblo. Pero sobre todo por haber deshecho lo que durante tanto tiempo se pretendió ocultar y se planificó y programó de forma tal vil y cobarde, de forma tal abyecta y perversa, tan ruin y miserable por aquellos que sabiendo que los asesinatos y actos que cometieron se realizaron de forma arbitraria e ilegal, amparándose en la mentira y la ocultación pretendieron cubrir los mismos con el manto de la ocultación perpetua y la impunidad.

Hoy … la búsqueda del ayer, ha dado paso a la verdad del presente y Manuel Jiménez Espino, descansa por fin en paz.

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