LAS BALAS ASESINAS

diciembre 9, 2012

    LAS BALAS ASESINAS            

 

                                                    Autor: Rafael Espino Navarro

 

 

 

           “ … esas balas me arrebatarán mil veces la vida, pero no lograran nunca doblegar mis ideas.”

 

              Las vainas y proyectiles recuperados dentro de las zonas de inhumación están directamente vinculados a los cuerpos allí hallados y se encuentran también directamente relacionados con la posición de los cuerpos y las características histórico/militares de los acontecimientos ocurridos y nos proporcional una valoración estimada de las razones de su situación en el contexto histórico de los hechos.

 

                  Los proyectiles nos aportan pruebas directas de los asesinatos cometidos en Aguilar de la Frontera durante los meses que van del julio a finales de septiembre del año 1936. Casi toda la munición recuperada corresponden, fundamentalmente, a material reglamentario del Ejército y/o de los diversos Cuerpos Armados existentes en el momento del comienzo de  la Guerra civil.

 

                Su localización y estudio nos ha permitido reconstruir el escenario del crimen. Su recuperación constituye una prueba pericial con un alto grado de validez judicial, a pesar de que lamentablemente la justicia en este país aún sigue haciendo oídos sordos y mirando para otro lado cuando se trata de investigar crímenes de” lesa  humanidad”, cometidos por el franquismo.

 

                    La munición  mayormente recuperada ha sido la reglamentaria, para armas largas, el cartucho Mauser español de 7×57. que era utilizado por todas las armas largas de dotación en el Ejército y los Cuerpos Armados , Guardias de Asalto y la Guardia Civil.

 

                                 

 

 

               A este le ha seguido la utilizada por los guardas jurados , los miembros del  Somatén y demás personal civil que participo también en los asesinatos y  que estaban equipados, entre otras, con la carabina Tigre ( replica española del Winchester americano) con munición 44×40.

                                   

 

               También se ha recuperado una cantidad ingente de balas disparados con armas cortas reglamentarias que eran las pistolas de calibre 9 largo para servicio y del 9 corto para paseo y labores de cuartel. Para estas últimas funciones, también estaba contemplado el uso del calibre 7’65 para los oficiales.

             Las pistolas de calibre 9 corto y 7’65 también pudieron estar en posesión de particulares pues desde 1934, eran habituales y estaba autorizado su uso a personas que, previamente avaladas, pudiesen justificar la necesidad de poseerlas “para la protección de sus personas y sus bienes”.

  

                        

                       

 

               Los proyectiles recuperados alojados en el tórax, cabeza, brazos,  piernas y otras partes del cuerpo  facilitan la lectura de como sucedieron los echos, pues son pruebas que indican que si los fusilamientos se produjeron siguiendo unas pautas mínimas establecidas para este tipo de ejecuciones,  se disparo por parte de un grupo de personas o pelotón de individuos al tórax de la víctima.

                  Cuando el fusilamiento fue “irregular” , los disparos fueron efectuados por un grupo reducido de individuos o quizás uno solo disparando directamente a la cabeza de la victima.

               Las heridas en el tórax  podrían interpretarse como heridas de fusilamiento, especialmente la situada en la caja costal. La herida sobre las vértebras lumbares indica, más bien, un disparo “a bulto”.

            Las heridas en antebrazos y manos suelen ser debidas al gesto de protección de la cara, la cabeza o el cuerpo ante una agresión. Un gesto tan instintivo como inútil en el caso de las armas de fuego. Las heridas en brazos pueden deberse a la causa anterior o a que al individuo se le haya disparado estando de costado. En condiciones generales, pueden interpretarse como heridas de fusilamiento.

          Las heridas en piernas suelen ser debidas a disparos “a bulto” o por fusilamiento de una persona acurrucada tanto en posición vertical como horizontal. También pueden ser debidas a disparos “a bulto” cuando los cuerpos, con vida o no, estén ya en el interior de la fosa. Las heridas en la cabeza implican, simple y llanamente, una ejecución.  

              De las heridas que presentan las víctimas, la mitad se sitúan en la cabeza y un tercio de las restantes en brazos y tórax. Todo ello implica, sin lugar a dudas, una ejecución programada y, prácticamente, “personalizada” con probables disparos “a bulto” al fondo de la fosa.

            El hallazgo de vainas de Mauser y Tigre en el interior de las fosas, así como el hecho de que una de las víctimas por disparo en la cabeza presente, además, un disparo en la pierna, avala el hecho de los disparos “a bulto”.

           Los fusilamientos fueron realizados con Mauser reglamentario y carabina Tigre.

            Las ejecuciones se efectuaron con pistola y Mauser. Para los disparos “a bulto” se utilizaron los tres tipos de armas, indistintamente. 

       La proporción de disparos en la cabeza con respecto al total de los mismos, implican la intención de matar, sin paliativos, de forma rápida y sin atisbos de los protocolos reglamentarios del fusilamiento.

 

 

           Aparte de lo anterior, el hecho de que se hayan utilizado para las ejecuciones tanto el Mauser reglamentario como la carabina Tigre, evidencia la participación en las ejecuciones de elementos civilees. El tipo de disparos “a bulto” también evidencia la participación no regular ya que esta forma de disparo no suele ser utilizada por fuerzas regulares más que en el caso de ejecuciones muy numerosas, llegando a documentarse en estos casos, incluso, el uso de granadas arrojadas al interior de las fosas.

            Tanto las milicias de Falange como elementos del Somatén, personal civil, fueron equipados con armamento reglamentario procedente de cuarteles, de diferentes cuerpos, con mandos simpatizantes con el golpe. Este armamento les fue proporcionado, desde mucho tiempo antes del golpe militar y, sobre todo, en fechas previas a la realización del mismo.

 

 

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