LOS NIÑOS DE LA GUERRA

marzo 9, 2008

LOS NIÑOS DE LA GUERRA EL EXILIO

Los orígenes: de una sublevación militar a una guerra civil

La guerra civil española fue la primera explosión de la profunda crisis en la que estaba inmersa Europa en los años treinta y que conducirá a la Segunda Guerra Mundial. Esto explica, en gran parte el impacto que produjo en los distintos sectores de la opinión pública y entre los intelectuales, así como las posturas tomadas por los gobiernos de otros países que llevaron a una internacionalización temprana del conflicto.

Los niños fueron los primeros afectados al estallar la guerra. Miles de hogares se deshicieron al incorporarse los padres al frente, tener que huir, sufrir la cárcel o ser fusilados. El desamparo de los menores se acentúo en las zonas cercanas a los frentes por los bombardeos, la escasez de alimentos y las enfermedades derivadas de las malas condiciones higiénicas.

Según Ramón Salas Larrazabal, en la guerra murieron 138.030 niños, más de lo que se podía prever en una situación de paz, pero es que además la lógica caída de la natalidad produjo 557.185 nacimientos menos de los esperados. Si comparamos ambas cifras con las de 275.000 adultos que murieron de manera violenta, podemos hacernos una idea de cómo afecto la guerra a la demografía infantil.

II. Movimientos de población, desplazamientos internos y evacuaciones al extranjero

Las ofensivas del ejército de Franco obligaron a continuos repliegues de las tropas republicanas y de contingentes de población civil a zonas todavía controladas por el Gobierno de la República. Las consecuencias de estos movimientos de población las sufrieron en mayor medida las mujeres y los hijos de los combatientes.

Las sucesivas derrotas que a lo largo de 1937 tuvo el ejército republicano condujeron a evacuaciones masivas de niños procedentes de diferentes lugares de España, tanto a la región mediterránea de Levante y Cataluña como el extranjero.

La caída del frente norte llevó al Gobierno Autonómico vasco a organizar una serie de expediciones de niños al extranjero. Después hubo otra serie de evacuaciones de menores procedentes de distintas zonas de España. El país que acogió a un mayor número de niños fue Francia. Otros países fueron Inglaterra, Rusia, México, Bélgica, Suiza y Dinamarca.

III. Las colonias escolares. Del éxodo al exilio permanente. Los retornos.

En septiembre de 1937 había en España 564 colonias que acogían a 45.248 niños y niñas. De éstas, 158 eran colonias colectivas y 406 de régimen familiar. Las colonias colectivas estaban instaladas en edificios cedidos o requisados a sus propietarios.

El contínuo avance del ejército de Franco a lo largo de 1938 agravó el problema de las evacuaciones. Muchas colonias de Levante y Cataluña se convirtieron en meros refugios donde el hacinamiento de los niños impedía desarrollar las labores asistencial y educativa para las que habían sido proyectadas.

Las evacuaciones de niños al extranjero se concibieron con un carácter temporal. Sin embargo esto no fue así en algunos casos; muchos niños vivieron junto a sus padres su condición de exiliados. En otras ocasiones los propios padres se mostraron reacios a que regresaran a la “España de los vencedores”. Hubo países como Francia, Inglaterra o Bélgica que facilitaron el retorno, pero no fue así por parte de la URSS ni de México.

IV. Evacuaciones de niños al extranjero durante la guerra

Las ofensivas de los militares sublevados en el Frente Norte, en septiembre de 1936, provocaron la primera evacuación de pequeños grupos de niños hacia Francia. No obstante, las primeras expediciones oficiales organizadas datan de marzo de 1937. Una primera expedición fue a la isla de Oléron, otra condujo a 72 niños hacia la Unión Soviética.

La evolución de la guerra en el Norte aceleró el proceso de las expediciones infantiles hacia Francia, Bélgica, Inglaterra y la Unión Soviética; países que acogieron el mayor número de niños. Pequeños grupos fueron a Suiza, Holanda y Dinamarca. Suecia y Noruega sostuvieron colonias en Francia. Por último, a México fueron los llamados “Niños de Morelia”.

Estas expediciones oficiales contaron con el apoyo de distintas organizaciones políticas, sindicales y humanitarias y se concibieron con un carácter provisional. La mayoría de los países facilitaron la repatriación de los menores excepto la Unión Soviética y México con los que el régimen de Franco no mantenía relaciones diplomáticas.

Durante la guerra fueron evacuados unos 30.000 niños. Se calcula que en junio de 1938 había en Francia unos 11.000 menores. El éxodo de principios de 1939 llevó al exilio a cerca de 70.000 niños.

La primera expedición infantil hacia Francia tuvo lugar el 20 de marzo de 1937. Organizada por el Gobierno Vasco en colaboración con el Gobierno de la República, condujo a 450 niños vascos, entre cinco y doce años, a la colonia llamada “Maison Heureuse” (Casa Dichosa), situada en la isla de Oléron, en la localidad de Boyardville.

Durante un mes los niños disfrutaron alejados de la guerra. A partir del 21 de abril empezaron a ser desalojados. Unos 300 fueron llevados a París. Los restantes se encaminaron hacia Bélgica, a la localidad de Oostduinkerke.

V. Evacuaciones de niños al extranjero durante la guerra: Bélgica

La llegada de niños españoles a Bélgica fue precedida de una intensa campaña por parte de los partidos y organizaciones de la izquierda belga, en especial del Partido Socialista Belga (POB-BWP) a través de las Femmes Prévoyantes Socialistes. El POB con el apoyo del Partido Comunista y de otras organizaciones políticas y sociales creó, a finales de 1936, el Comité National pour l’ Hébergement des Enfants Espagnols en Belgique (CNHEEB) en la Casa del Pueblo de Bruselas, con objeto de preparar las evacuaciones de la población infantil.

La mayoría de los niños llegaron a Bélgica después de pasar un tiempo en distintas colonias de Francia. Las expediciones masivas guardaron relación directa con los éxodos provocados por el avance de las tropas franquistas, así entre marzo y septiembre de 1937 (caída del Frente Norte) y enero-febrero de 1939 (caída del Frente Catalán). Entre medias, pequeñas expediciones, la primera de las cuales condujo a 25 niños a Bélgica el 2 de diciembre de 1936. Se estima que fueron acogidos en este país un total de unos 5.000.

Una vez en Bélgica gran parte de estos niños (unos 2.500) fueron confiados al CNHEEB, que los trasladaba a diferentes colonias socialistas situadas en la costa, como el hogar Emile Vandervelde en Oostduinkerke o el hogar Lys Rouge en Heist sur Mer. Aquí los pequeños se reponían durante unas semanas antes de ser entregados a las familias de adopción.

La población belga en general respondió a las solicitudes de apadrinamiento de los niños españoles y fue, junto con los comités, los que contribuyeron a costear la estancia de aquéllos en Bélgica. Hubo varios tipos de apadrinamiento: por tiempo limitado, por un periodo ilimitado, en ambos casos mediante la adopción, o bien contribuyendo de forma total o parcial al mantenimiento de los niños que permanecieron en las colonias. La mayoría de las solicitudes de adopción lo fueron por el tiempo que durase la guerra o ilimitado.

Casi todos los niños que llegaron a Bélgica en abril y mayo de 1937 fueron acogidos por el POB-BWP y repartidos en adopción entre familias socialistas, pero hubo también otras instituciones que se ocuparon de la acogida. En este sentido, varias organizaciones y familias católicas atendieron la llamada que hizo el Cardenal Van Roey, Arzobispo de Malinas, para apadrinar a niños vascos. Fueron unos 1.200 los acogidos por sectores católicos de la sociedad belga. Además, otros organismos acogieron en torno a 1.000 niños como la Cruz Roja Belga, la sección belga del Office Internationale pour l’ Enfance, Socorro Rojo Internacional, el Grupo Español para la Defensa de la República o, en el caso de los niños vascos, el Departamento de Asistencia Social del Gobierno de Euzkadi que colaboró con la organización del Home Belgo-Basque de Marchin-lez-Huy (Lieja).

Casi todos los niños acogidos por organizaciones o familias católicas fueron repatriados tras la caída del Frente Norte. El resto empezó a ser repatriado a partir de abril de 1939. Los socialistas no quisieron tener contacto con las autoridades franquistas por lo que colaboraron en el reagrupamiento de los niños, pero no en su repatriación además, tras la expedición de 5 de diciembre de 1939, el CNHEEB se desentendió de aquélla, que fue asumida por la Cruz Roja y por una Comisión neutral para la repatriación de los niños de España creada por el Gobierno belga.

De los cerca de 5.000 niños acogidos en Bélgica durante la guerra civil española permanecieron en este país unos 1.300, en régimen de adopción.

VI. Evacuaciones de niños al extranjero durante la guerra: Unión Soviética

La ayuda de Alemania e Italia a los militares que se sublevaron el 18 de julio de 1936 forzó a la Unión Soviética a apoyar con armamento y asesores políticos y militares al gobierno de la República. Los bombardeos en el Frente Norte, en la primavera de 1937, hizo que el gobierno soviético ofreciera acoger a niños españoles. De esta manera, se organizaron cuatro expediciones que llevaron a ese país cerca de 3.000 menores acompañados de educadores y personal auxiliar. La primera expedición partió del puerto de Valencia el 21 de marzo de 1937 con 72 niños. Una segunda, del puerto de Santurce (Bilbao), el 13 de junio de ese año, compuesta de 1.495 menores. La tercera , del puerto del Musel (Gijón), el 24 de septiembre de 1937, con 1.100 niños y la última de Barcelona a finales de octubre de 1938, con 300 niños. Las edades oscilaban entre 3 y 14 años y la mayoría procedían del País Vasco, Asturias y Santander.

Los barcos que transportaron a los niños de las cuatro expediciones arribaron al puerto de Leningrado donde fueron recibidos con muestras de cariño y alegría por parte del pueblo ruso. Los niños fueron alojados en las llamadas “Casas Infantiles para Niños Españoles”, especialmente destinadas para ellos por el gobierno soviético. Fueron un total de 16 Casas, algunas ubicadas en edificios que en otro tiempo había ocupado la nobleza. En ellas los menores estuvieron en régimen de internado al cuidado de educadores y personal auxiliar español y ruso. La mayor parte de estos niños, ya adultos, consideran el periodo que se extiende desde su llegada a las Casas hasta el verano de 1941 como una de las etapas más felices de su infancia o adolescencia. No les faltó de nada salvo la presencia de los padres.

Los días felices en las Casas de Niños acabaron el 22 de junio de 1941 con el ataque del ejército alemán a la Unión Soviética en tres frentes de manera simultánea, por el norte, cercando la ciudad de Leningrado, por el centro rompiendo la defensa hasta Moscú y por el sur al ocupar Ucrania. En estos tres frentes estaban situadas las Casa de Niños que se vieron obligadas a una rápida evacuación. Los niños que se encontraban en las dos Casas de Leningrado sufrieron los primeros meses del bloqueo, durante el duro invierno de 1941-1942. En la primavera de 1942, el gobierno ordenó la evacuación de esas Casas a lugares más seguros. Una parte de los jóvenes se incorporaron al ejército rojo, otros ayudaron en tareas de retaguardia y algunos perdieron la vida en la que se consideró la “Gran Guerra Patria”.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la URRS conoció unos años de gran penuria que sufrieron los niños españoles al igual que el pueblo soviético. La mayoría de ellos fueron regresando a Moscú desde las zonas a las que habían sido evacuados durante 1944 y 1945. Los jóvenes comenzaron sus estudios superiores o se pusieron a trabajar, alojándose en albergues y residencias, a la vez que iban creando familias al casarse entre ellos o con rusos. Aunque una gran parte residió en Moscú, hubo otros que fueron destinados a trabajar en distintos lugares de Rusia e incluso a las ciudades más lejanas de Siberia.

La llegada de Fidel Castro al poder en Cuba, en 1959, provocó un cambio en las relaciones con los Estados Unidos y un acercamiento a los países europeos del campo socialista, principalmente a la extinta Unión Soviética, quienes le brindaron su colaboración. Hay que tener en cuenta que hasta ese momento no existía un intercambio sostenido entre esos países y los de habla hispana, de ahí la necesidad que había de personas que conocieran la lengua española para facilitar la ayuda. En este sentido los “Niños de la Guerra” españoles jugaron un importante papel como traductores y especialistas. Así, empezaron a llegar desde mediados de 1961 y fue en Cuba donde se les dio el apelativo de hispano-soviéticos. Aunque su presencia no fue muy elevada desde un punto de vista cuantitativo (se calcula que en total fueron unos 200) su aportación revistió gran interés, pues ayudaron a la consolidación de la Revolución en unos primeros momentos en los que se produjo un éxodo importante de profesionales cubanos. También contribuyeron a facilitar el entendimiento y convivencia entre cubanos y soviéticos. Para ellos Cuba significó un acercamiento a sus raíces por la lengua, el clima y la afinidad cultural.

Los dirigentes del Partido Comunista Español y el gobierno soviético se preocuparon de que los niños no perdieran sus raíces ni su identidad nacional, aunque adquirieron la ciudadanía soviética. La mayoría de estos menores vivieron con la añoranza de su país de origen y de los familiares que habían dejado allí. El problema estaba en que no había relaciones diplomáticas oficiales entre el régimen de Franco y la URSS.

El desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría entre los bloques impidieron el retorno de esos jóvenes españoles a su país. Las primeras expediciones oficiales tuvieron lugar en 1956, tras un acuerdo entre los gobiernos ruso y español, con el concurso de la Cruz Roja de ambos países. En este año y en 1957 regresaron a España cerca de la mitad de los jóvenes, pero una parte de ellos volvieron a la URRS al no poderse adaptar a la vida de la sociedad española de entonces.

Desde los años sesenta fueron viniendo a España de manera individual. Tras la caída del muro de Berlín y ante la situación en la antigua Unión Soviética, retornó una parte numerosa de los que quedaban en Rusia, pero en la edad de la jubilación, lo que hizo más difícil su integración en la sociedad española.

VII. México: Los niños de Morelia

Desde el inicio de la guerra civil, México ayudó de diversas maneras al gobierno de la República española. Una de ellas fue acogiendo a los que se llamaron “Niños de Morelia”. El entonces Presidente del país, General Lázaro Cárdenas y su esposa Amalia mostraron desde el primer momento un vivo cariño e interés por los 451 niños que viajaron en el Mexique desde Burdeos hasta Veracruz, donde desembarcaron el 7 de junio de 1937. Al día siguiente llegaron a ciudad de México, siendo alojados en la Escuela “Hijos del Ejército” nº 2. El 10 de junio una multitud de personas les daban la bienvenida en Morelia, en el estado de Michoacán.

Se les alojó en dos antiguos seminarios, ahora transformados en colegios para niños y niñas con el nombre de Escuela Industrial “España-México”. Aquí es donde los niños empezaron a extrañar verdaderamente a los padres y hermanos que habían dejado en España. Las niñas de mayor edad trataron de suplir estas carencias en los más pequeños.

El primer director de la Escuela fue Lamberto Moreno que fue destituido tras la muerte accidental del niño Francisco Nebot Satorres. Le sucedió Roberto Reyes Pérez. Otros niños también murieron por accidente o enfermedad y varios se escaparon de la Escuela al no poder adaptarse al régimen que había allí. El Presidente Lázaro Cárdenas veía regularmente a los niños y estos hacían visitas a la ciudad de México en periodos vacacionales. Algunos niños se fueron a vivir con familiares o con antiguos residentes de la colonia española en México, otros fueron llevados a escuelas en ciudad de México.

En 1940 terminó el sexenio de gobierno del General Lázaro Cárdenas. En la Escuela el nuevo director fue Diego Hernández Topete. A partir de este momento el apoyo oficial empezó a disminuir. Con la ayuda de la antigua colonia de españoles, un grupo de niñas fueron llevadas al orfanato Divino Pastor en Mixcoax y otro, al convento de las Madres Trinitarias en Puebla. En diciembre de 1943 concluyeron para los “Niños de Morelia” las actividades en la Escuela y los que quedaban en ella fueron repartidos en varias Casas-Hogares en ciudad de México.

Algunos de estos jóvenes regresaron a España, pero el resto se quedó definitivamente en México donde formaron una familia. Aunque la mayoría de estos niños conservaron un sentimiento de gratitud hacia el General Lázaro Cárdenas, el pueblo mexicano y los españoles allí residentes, el deseo unánime de todos ha sido y es “¡Qué no haya más Niños de Morelia!”.

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3 comentarios to “LOS NIÑOS DE LA GUERRA”

  1. margarita minguez said

    Soy niña de la guerra, tenia 3a cuando muere mi madre y por la guerra empiezan todas mis zozobras y desventuras.
    He estado en Bélgica, no solo de pequeña sino despues de mas mayor ya que mantuvimos la relación con la Sra. que nos acogió a mi hermano (3a mayor que yo y a mí); cuando de funda la Asociacion de los Niños de la Guerra Civil Española voy nuevamente y por tanto conozco muchos de aquellos niños y sus historias.
    Vuestros artículos todos en conjunto me parecen que reflejan plenamente la realidad que yo conozco, son muy objetivos, nada sesgados ni favorecederos de malas interpretaciones por lo que me gustan mucho.
    Proximamente voy a tener una reunion con un grupo de mujeres aragonesas interesadas por el tema. Para explicarles a ellas puedo usar vuestro trabajo?. Esta todo tan bien organizado y explicado que me evitais el trabajo de tener que pensarlo, organizarlo y redactarlo yo.
    Por descontado que diría de donde procede toda la informacion.

    • aremehisa said

      Claro que si Margarita. Saludos. AREMEHISA

    • Marthe Bilmans said

      Soy la bisnieta de la señora Pelagie Lampo, viuda Joris, que ha acogido a Margarita. Cuando fue muy chica he encontrado a Margarita. He comenzado a apprender el español esto año y probo escribir la historia familiar para nosotros y nos hijos. Gracias de dar mi direccion a Margarita.
      Marthe (Bruselas)

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